Adaptación

Side-by-side results of different lighting.

La primera impresión del color de una sala no debe tomarse demasiado en serio; cambiará con el tiempo. Al igual que una mano se adapta a la temperatura del agua caliente, por ejemplo, se adapta el ojo al color.

Las fuentes utilizadas para iluminación general cambiarán de aspecto gradualmente hasta resultar "blancas" a la vista, ya sean de luz amarilla/blanca, como la de las lámparas incandescentes o de sodio de alta presión Lucalox®, ya sean de luz azul/blanca similar a la luz diurna. Dentro de límites razonables, el proceso humano de visión del color tiende a compensar o aportar los colores del espectro que faltan: rojo en el caso de la luz diurna, azul si es incandescente, etc.

El estado de adaptación previo del ojo es otro factor que influye. Un entorno cálido lo parecerá aun más a sus ocupantes si llegan de un espacio frío y azulado, y tendrá un aspecto más frío si llegan de un entorno de luz amarillenta o rosada. El ojo se adapta lentamente hasta que el espacio parece estar iluminado con luz "blanca", independientemente de la luz a la que estuviese adaptado el ojo anteriormente.

Esto indica que, aunque las comparaciones de dos colores contiguos son un excelente modo de mostrar las diferencias entre fuentes de luz, puesto que el ojo no se adapta nunca por completo a ninguna de ellas, sino a una combinación de ambas, es más recomendable hacer una evaluación del color final en un espacio relativamente grande, encendiendo las lámparas de una en una. La prueba final es vivir con el color o los colores de iluminación durante un periodo de tiempo prolongado. De este modo, se tienen en cuenta las primeras reacciones y los efectos de adaptación.